La Luna brilla en el en el bosque iluminando con su luz tenue los caminos que parecen diluirse en la noche oscura
Quiero acompañarte a tu propio bosque encantado privado y que ahí puedas proyectar y realizar tus sueños

 

 
 

Historia de mi lunar mutilado  (Relato autobiográfico. Humor y Magia)

 

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El caso del pobre hombre que no tenía dinero y no le dejaban ver a sus hijos

    Gran cantidad de consultantes dicen que "la bruja" de la ex mujer no les deja ver a los hijos, porque él no tiene dinero para pasarle. Generalmente, ellos se fueron con una mujer más joven. Muchas veces con la secretaria. No he visto todavía que se fueran, como en las novelas, con la empleada del servicio doméstico. Cosa que me alegraría mucho... Por la empleada, que tiene derecho a tener un final feliz y por que soy comunista y odio a los ricos.
    Sé que Saura, el conocido director de cine español, se fue con la niñera y dejó a la deliciosa Geraldin Chaplin. Pero eso pasó hace demasiado... Y se fue con la "Baby Sitter", que tiene un look mejor que la empleada que friega y limpia mientras su empleadora pasa su dedo para ver si está limpio. Y viene con las botas llenas de barro. Y obligan a la pobre empleada, a la que llaman "Sirvienta", o "Criada", a andar limpiando las cosas más insólitas... No, todavía de los 100.000.974 y medio que me han consultado. No vi ninguno. (Aclaración: El ‘medio’ es por que era enano, sin ánimo de discriminación. De esos hipotiroideos, con cabeza grande y cuerpo chico: su motivo de consulta era el mismo que el de este relato, y la historia igual... Es decir, el enano se fue con la secretaria, etc.).
    Este caso llamémoslo Pascasio. El Secreto Profesional me impide dar nombres, aunque todo parecido con la realidad siempre es más que una coincidencia.
    El hombre venía con un impecable traje azul, corbata azul, medias azules, y zapatos azules. Sus ojos era azules. Y su nariz enorme. Me encantan los ojos azules. Y la parte física me tiene sin cuidado. Así que no me importó que tuviera los dientes torcidos, fuese bisco, y caminara chueco. Por el contrario, despertó mi compasión y buen ánimo. No digo el signo. Baste saber que teniendo programas de radio en Buenos Aires, en los cuales hablo mucho de los Signos Astrológicos, jamás nombro a ESE.
    ¿Cuál es?. No lo diré. Es un secreto profesional...
    El sujeto de los ojos azules viscos, me dice todo lloroso que no puede ver a sus 8 hijos porque "la bruja" de su ex no le permite verlos. Llora él y lloro yo, pues me contagio fácilmente.
    Tratando de dejar de llorar a los gritos con el hombre, pensando en los vecinos, comienzo mi labor. Mezclo las cartas y hago la serie de cosas que hacemos nosotras, las pitonisas, y muestro el resultado mágico, y le expongo lo que veo.
    -Pero, usted tenía una empresa...
    -Sí, se la vendí a mi hermano.
    -Pero usted sigue siendo el dueño y él simplemente es un testaferro, y lo puso a nombre de su hermano para no pasarle un céntimo a su ex mujer, es decir, a sus hijos. Es decir, ha dejado a ocho hijos en la calle...
    -En el amor, como en la guerra, todo es válido –me dice sonriendo, como buscando mi complicidad-. Sus ojos están secos, pero usa mucho su pañuelo, intento seguir concentrada en lo que hago, pues se me viene a la mente cuántos pañuelos deberá usar para tanta nariz, y es esencial mi concentración en lo que estamos tratando de adivinar.
    -¿Y sus hijos qué culpa tienen? –le digo sonriéndole con cara seductora y con la mayor ingenuidad, sólo propia de una virgen (aunque a Dios gracias no lo sea)-.
    -Bueno, es que "la bruja" no se lo merecía –me dice el hombre, medio enojado-.
    -¿Y los 8 niñitos?
    -"La bruja" no me deja verlos...
    -Pero, ¿usted les pasa alguito de dinero?
    -Soy insolvente –me dice el hombre, con cara de víctima-.
    -No es insolvente... Tiene los 5.000 dólares mensuales que le deja el supermercado de la carne... Ese que está a nombre de su hermanito...
    -Ja –me dice con su aire de "Viveza Criolla"-, pero eso no hay manera de saberlo. ¿Cómo lo sabe usted?
    -Porque atiendo a su hermano... Pero esto es secreto profesional. Además, no se olvide que soy una buena adivina...
    -No sabía que mi hermano se atendiera con tarotistas... Él dice que esto es una tontería...
    -Todos los que vienen dicen eso, usted mismo lo dice, ¿No?
    -¿Cómo lo sabe?
    -No olvide mi profesión. Además, jejeje, por secreto profesional no puedo decir lo que su hermano dice de usted. Ahora que lo pienso, es mejor que usted no sepa que atiendo a su hermano... Pues lo que le tengo que decir es...
    Y digo algo que tengo preparado para estos casos (unos 230.834 cada no sé cuánto). El título es: "Porque el deber hace que tenga que ayudar al desamparado"... (Entiéndase que el desamparado es el sujeto que consulta). En Buenos Aires le decimos "tener el verso preparado". Es decir, yo lo tengo para estos casos.
    Luego, con cara de que sé más de lo que digo, sigo con mi trabajo.
    -Corte –le digo-, previo mezclado de Cartas, etc... (Sé que o sí o sí, saldrá El Diablo y una serie de Cartas funestas... Y las Cartas del Tarot Egipcio tiene figuras claras... ¿Por qué saldrían esas cartas? Pues, porque él es un representante de los reptiles que andan en el mundo... Y el Tarot funciona en serio. El Tarot contesta en serio las preguntas... Y sí o sí saldrán las Cartas que definirán a ese sujeto. Y porque soy una BUENA BRUJA. Y nada de lo que digo no está saliendo en las Cartas de verdad, pero de verdad.
    Medio llorosa le digo:
    -¡Qué horror! –grito tirándome de los pelos-.
    El Hombre –para llamarlo de algún modo-, responde muy asustado:
    -¡¿Qué ve?! ¡¿Qué ve?! –grita a viva voz.
    Me quedo en silencio, y saco el péndulo muy acongojada, viendo si me hace círculos en redondo encima de las cartas para confirmar mis sospechas...
    Y veo que, aunque no lo crean..., son ciertas...
    -Su hermano lo traicionará, y venderá el supermercado para irse a otro país con una mujer muy bonita, 20 años más joven que él.
    La sesión sigue. Y el hombre cambia sus ideas en el acto. Piensa entonces hacer lo que es debido. Es decir, poner las cosas a su nombre. Mantener a sus hijos. Y emocionada en serio, veo que las Cartas comienzan a cambiar. Ahora sale Dios, y la Sacerdotisa (que evidentemente soy yo misma). Sus niños tendrán qué comer. El visco no estará tan solo. Y encima esa mujer lo ama. Le planteo la posibilidad de que vuelva con ella. Con la madre que le ha dado ocho regalos. Que ha parido ocho hijos. Y él, entonces, se transforma y se emociona. La recuerda en sus embarazos y con los niños, vendiendo verdura y cantando. Y la recuerda, y recuerda que alguna vez la amó. Y le explico que ella lo ama. Y amar es perdonar. Y lo que él ha hecho es imperdonable. En la escena que sigue parezco un cura y el señor se confiesa sus pecados y le agarra un ataque de culpa. Le cuento que no es importante haber cometido errores. Que nadie está exento. Que lo único importante es reparar los daños. Ser lo más feliz posible. Permitirse disfrutar de la familia. Y le pregunto por qué, amando a su esposa, la ha abandonado por otra.
    Y me contesta algo muy interesante:
    -Es que ella es linda, y yo soy horrible.
    -¿Desde cuándo la belleza es un valor? -le pregunto-.
    Se queda pensando.
    -No, no lo es.
    -¿Y de dónde sacó que una mujer hermosa no lo podía amar?
    -Porque soy feo. Y me he pasado la vida seduciendo a otras para tener un repuesto –me dice pensativo-, por miedo a que ella me abandonara fui yo el que la abandoné. No podía creer que ella pudiera amarme.
    -Sí, no importa el aspecto físico en el amor, pero además, usted tiene ocho hijos y me imagino que debe tener otras dotes que lo hacen totalmente fascinante...
    El hombre se rió a carcajadas conmigo. Y terminamos con risas lo que empezamos con llanto.
    Me dio las gracias. Me pagó y me dije que ese día tendría para darle de comer a mis hijos.
    A los dos días me llamó. Me bendijo y me dijo que me amaba. En el sentido hermoso del amor universal. Y que era feo pero no tonto, que se había dado cuenta perfectamente, que lo del hermano era una mentira. Jamás el hermano había pisado mi lugar de consulta –me dijo riendo-.
    Le pregunté cómo se había dado cuenta.
    -Porque cuando yo corte, mi hermano le pedirá turno, y será la primera vez que consulta a una persona como usted.
    -Una bruja –le dije riendo-.
    -Una bruja hermosa –me contestó un hombre que era del signo aquel que nunca nombro, pero que nunca se fija en la belleza o no de las personas-.
    -¿Sabe qué? –le dije- Usted es hermoso. Y encima me da trabajo. Que tal está su hermanito.
    -No es visco... Pero no tuvo ni un solo hijo –Contestó con la risa franca de su signo-.
    Entonces pensé que no todo estaba perdido. Que todavía había esperanzas en el mundo. Que quizás, sólo quizás, hubiera algo parecido a la justicia.
    Y que yo era una buena tarotista. Y me preparé para ver al hermano. Que realmente había salido que no era nada confiable en los negocios. Ojalá pagara la consulta. Entonces tendría para comprarme comida china..., que tanto me gusta.

 

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